Una comida de domingo. Muy simple, ¿no? Podría ese ser el nombre de esta entrada, que aunque parezca que no tiene mucha relación, resultó ser la llave que desencadenó todo. Dos almas perdidas que necesitaban de alguien para poder ser libres, esas almas que parecían estar destinadas a encontrarse en algún punto de su vida, que se encontraron en el lugar y en el momento que más falta se hacía la una a la otra. O a priori, eso pensabamos.
Cada mensaje suyo era un escalofrío que me erizaba toda la piel, esa sensación de estar hablando con esa persona que hace que tu estómago sufra ese hormigueo que la gente denomina "amor". No queríamos reconocerlo al principio. Ambos estábamos muy escarmentados, nuestro corazón tenía miedo de volver a sentir algo que a la larga lo único que trajera fuera dolor, y más dolor.
21 de Abril. Ese día comenzó esa semana mágica. Os preguntaréis por qué, estando separados por unos 1470 kilómetros de distancia, pero creerme que eso fue lo de menos. París, esa ciudad que la gente dice de ella que es "la ciudad del amor", esa semana me di cuenta que llevan razón. Lo que viví esa semana, no puede explicarse con palabras. Esa necesidad de encontrar un sitio con WiFi aunque fuera por dos minutos, únicamente para recibir sus mensajes, para saber de ella y tener noticias suyas. Mensajes a deshora que te daban vida, que te decían a ti mismo "aunque sea por un momento, está pensando en mi". Supongo que para muchos eso será una mera tontería, que no tiene valor alguno, pero a mi me hacía quererla un poco más. Conversaciones hasta las tantas de la noche. ¿Qué importa acostarme a las tantas si estoy en el momento más feliz del día? Cruzar por el puente de las Artes, dónde miles y miles de parejas juraron amor eterno poniendo un candado a su amor y pensar, ¿por qué no algún día podré yo poner el mío junto a ella?
Meses y meses deseando que llegase ese viaje, y estar allí y morirte de ganas por volver, sólo porque ella te arropase en un abrazo. Ese mensaje suyo antes de coger el avión de vuelta "ten cuidado, por favor". Esa llegada a la estación de bus, las solitarias estaciones de bus. Pero ese día no, al menos para mi. Tras la ventana del bus se alzaba su figura. Era ella, que aguardaba mi llegada, sin prevío aviso. Esos pequeños detalles que marcan la diferencia y que me hacía decirme a mi mismo "Ricardo, esa es la chica con la que quiero compartir mi vida".
Esas grises tardes de biblioteca que se iluminaban al ver su sonrisa cruzar la puerta, esos descansos que se hacían más amenos con su presencia, esos paseos que no llegaban a ningún lado pensando únicamente en que se parase el reloj para poder estar un minuto más a su lado. Ese primer beso afectó a mis labios como la nicotina al cuerpo: yo necesitaba de esos besos todos los días.
El tiempo pasó y ese sentimiento iba creciendo cada vez más, lo que empezamos como algo en secreto, a escondidas sin que nadie nos viese, comenzó a ir viendo la luz. Esas mañanas de estudio previas a la PAEG con su previo besayuname, esas compras al super antes de llegar a casa, ese flash azul que tanto nos gustaba comernos depués de todo el estudio, esos besos que nunca queríamos que terminasen al despedirnos..
La playa conoció nuestro amor, el mar fue testigo de tantos y tantos besos que nos dimos bañados en arena. Noches juntos observando el amanecer desde las hamacas. Tardes y tardes pasadas juntos, buscando excusas para poder pasar un minuto más juntos. Hasta la cena más cutre era de las mejores a tu lado. Ni en mis mejores sueños soñé vivir algo tan bonito con una persona tan especial como ella...
Pero como todo sueño, llega un momento en el que te despiertas, todo se derrumba. Todo las esperanzas puestas en esa persona, se desvanecen como la arena se traga el agua. No te queda nada más que llorar y llorar lo que creíste tener, llorar por esa persona con la que no te imaginabas un futuro sin ella. Añorar sus abrazos que te daban la vida, toca desintoxicarse de sus besos. Mi móvil echa de menos sus Whatsapp a deshoras, esos "te quiero" que nunca volverán.. Tan sólo me quedan tus recuerdos en mi memoría, mil y una fotos en la memoria de mi teléfono y un corazón echo mil pedazos, en estado crítico, que ha recibido el mayor accidente de su vida.
